Las profundidades del océano esconden curiosos seres, como el pez luna (Mola mola), una especie de pez óseo pelágico que habita en mar adentro, en la columna de agua. Algunos de ellos pueden alcanzar grandes tamaños aunque por lo normal no suelen superar la tonelada.
El pez luna es habitual en las aguas cálidas y templadas por lo que no es raro descubrir alguno si nos paseamos en barco por nuestras latitudes, siempre y cuando el pez esté en la superficie.
Su anatomía desde luego no deja de ser extraña, con unas aletas branquiales minúsculas y unas delgadas aletas dorsal y anal y la caudal totalmente modificada dando lugar a una estructura que le sirve de timón, llamada el clavus.
Cuando le vemos en mar adentro, normalmente lo primero que nos llama la atención es su aleta dorsal que saca fuera del agua en posición de descanso.
Su nombre científico también es curioso, Mola mola, que al parecer hace alusión a su forma similar a una piedra de un molino.
Los satélites como el Meteosat, nos proporcionan útil información para predecir el tiempo que se avecina, sin embargo, no siempre es necesario recurrir a la alta tecnología. En ocasiones, la simple observación in-situ de las nubes nos puede dar pistas muy útiles y fiables a corto plazo, o al menos cuando hablamos de nubes de tormenta tan evidentes como la de esta imagen que saqué hace varias semanas por la Cordillera Cantábrica.
Se trata de un cúmulo-nimbo con forma de yunque, la forma que habitualmente adquieren estas nubes de fuerte desarrollo vertical que se forman por convección, cuando masas de aire a diferentes temperaturas se mezclan. En este instante las partículas de agua en suspensión se condensan formando las nubes, la inestabilidad generada por las corrientes de aire producen fuertes descargas eléctricas que suelen ir acompañadas de importantes precipitaciones que incluso pueden ser sólidas y producir grandes granizadas.
Mirar a las nubes no siempre es sinónimo de atolondramiento, a veces de su lectura se extrae la clave para no llevarse un buen remojón e incluso cosas peores.
Los Lobos También Lloran es el título en Español de la película americana Never Cry Wolf, una adaptación del libro del novelista canadiense Farley Mowat que editó en 1963 y que fue llevada al cine por Carroll Ballard en 1983.
En ella se cuenta la historia de un biólogo novato que debe desarrollar su trabajo en pleno Ártico, en soledad, estudiando a los lobos que se consideraban la principal causa de la caída en picado de las poblaciones de caribús. En este medio inhóspito Tyler, al principio bastante torpe y asustado no sólo aprenderá mucho acerca de la naturaleza de hombres y lobos, si no de sí mismo.
Tanto el libro, como la película son para no perdérselos. Son muy recomendables para cualquier amante de la naturaleza y la aventura e incluso para aquellos que se planteen las formas de relacionarnos con el mundo que nos rodea, nuestros miedos e inquietudes y el modo de superarnos abriendo nuestra mente para comprender otras formas de vida.
No dejes de verla o de leer el libro, te aseguro una estupenda experiencia.
Ayer, aún estaban muy atentos a los movimientos de sus progenitores y les recamaban insistentemente su comida. Hoy, hemos asistido a sus primeros vuelos mientras sus padres les adiestraban en el arte de volar. El vuelo de las golondrinas es rápido y ágil, está plagado de requiebros y piruetas aéreas, movimientos tan sólo permitidos a aquellos seres que disfrutan de un diseño aerodinámico perfecto.
Sus picos, con unas marcadas boqueras amarillentas, aún delatan su juventud, pero su plumaje es ya perfecto y en su interior la necesidad de volar se acrecienta, pronto tendrán que realizar su primera migración hacia las tierras africanas donde pasaran el invierno.
El próximo año quizás regresen convertidos en adultos después de la gran aventura de sus vidas, un viaje de ida y vuelta que incansables, repetirán todos los años.