¿Se debe permitir el turismo en los Parques Nacionales?

Este titular se publica hoy una encuesta en el diario 20 minutos y lo cierto es que me ha llamado un tanto la atención, ya que es un debate un tanto absurdo o al menos no entiendo a qué viene.

Una de las premisas por las que se creó la figura de Parque Nacional es precisamente garantizar el disfrute del medio natural por parte de las personas. Por supuesto, sin comprometer la conservación de la naturaleza. Por ello, en la mayoría de estos espacios hay un programa más o menos desarrollado de uso público y en general existe una dotación de centros de interpretación, programas de educación ambiental de voluntariado ambiental, etc. Por tanto, el turismo forma parte inherente de los Parques Nacionales.

Los Parques Nacionales españoles de hecho reciben un gran número de visitantes al año, el de mayor afluencia es el Teide con más de 3.000.000 de visitas, seguido de Picos de Europa con una afluencia estimada en unos  2.000.000 de visitantes al año.

Entonces ¿a qué vienes esa pregunta de si debe permitirse el turismo en los Parques Nacionales?

Pero por darle una respuesta sensata:

Si por turismo se entiende descontrol y actividades incompatibles con la conservación la respuesta sensata sería no, quizás por ello la alternativa del turismo en los Parques Nacionales y resto de Espacios Naturales Protegidos sería el ecoturismo, una forma diferente de conocer y disfrutar de estos espacios a través de experiencias que no comprometen la conservación de la naturaleza.

Tan sólo se me ocurre una razón a esta pregunta, el interés de algunos en realizar actividades turísticas que no consideran en absoluto el respeto por el medio y que pretender crear un debate absurdo e inexistente.

Actualmente nuestra red de Parques Nacionales recibe unos 10.000.000 de visitantes por año. ¿Cómo se puede preguntar entonces si se debe permitir el turismo en estos espacios?

 

 

Combatir la crisis a costa del medio ambiente

Quizás algunos ingenuos esperábamos que la actual crisis sirviera para remover conciencias, sirviera para entender que las soluciones fáciles y “cortoplacistas” a largo plazo generan enormes desequilibrios y múltiples problemas. No hay más que vernos y ver donde estamos tras los años de las bonanzas del ladrillo.

Pero una vez más, políticos y administraciones apuestan por un mismo modelo, un modelo grotesco, anticuado e inviable:

  • Fracking en Doñana y en  toda la cornisa cantábrica, para extraer un gas con poca o ninguna viabilidad técnica y cuyos impactos negativos son inasumibles tanto para el medio ambiente, como para la salud.
  • Modificación de la Ley de Costas para construir hasta pie de playa y terminar de alicatar los pocos metros que aún conservamos de nuestro litoral.
  • Ni la moralidad de la que tanto hacen alarde nuestros dirigentes negando el aborto a las mujeres se sostiene, cuando prefieren promover proyectos como Eurovegas y abrir las puertas a de par en par a la mafia del juego en Madrid.
  • Y ahora, devastar Galicia para obtener unos cuantos lingotes de oro.

Resulta trágico que el único modelo que se les ocurre a nuestros políticos para salir de una crisis sea seguir especulando y dilapidar una vez más y sin mesura nuestro patrimonio natural, devastando nuestros recursos más preciados y condenándonos a vivir peor de lo que podemos imaginar.

Como reza la campaña de SalvemosGalicia, “con el agua y la vida no se negocia”.

Tormentas

Estos días de tiempo tan variable, tan loco, quizás nos hayan torturado un poco después de un invierno lluvioso, ventoso y frío. Y es que ya tenemos ganas de primavera y sin duda con el tiempo revuelto apetece hacer menos cosas al aire libre.

Pero en el fondo ¿quién puede dudar de la espectacularidad de una buena tormenta? Vale… es posible que en verano sean más apetecibles, pero hay que disfrutar de las cosas cuando llegan.

Particularmente a mí me encantan las tormentas, sentir el ímpetu de la naturaleza en estado puro, ver cómo cambia la atmósfera, cómo se electrifica el ambiente y la luz se vuelve plomiza cubriéndolo todo con un halo metálico.

Sin duda las disfruto, pero reconozco que alguna vez he pasado algo de miedo, sobre todo, cuando una buena tormenta me ha pillado en algún lugar, digamos que un tanto peligroso como para verse en medio de la rugiente tempestad.

Aunque son pocos los desafortunados que tienen la desgracia de verse alcanzados por un rayo, en determinadas situaciones, conviene ser precavido. Así que no está de más tomar algunas precauciones, pues lo que está claro, es que los efectos de un rayo son devastadores para el organismo.

En zonas de alta montaña, cuando sintamos la tormenta cerca, será mejor buscar refugio lo antes posible, ya que quizás sea uno de los lugares donde tenemos más papeletas de que nos caiga un rayo. En la cumbre poco más sobresale que nosotros mismos y conviene no jugársela. Aún recuerdo permanecer casi una hora en un pequeño “zulo” que por suerte encontramos entre las rocas, muy cerca del pico, pues apenas nos dio tiempo a salir de allí, mientras alrededor, el mundo cobraba un intenso olor a chamusquina y el ruido se volvía ensordecedor.

Esa vez la tormenta no fue tan agradable, pero tuvimos suerte de encontrar aquel pequeño refugio.

Dicen que en caso de vernos sorprendidos por una fuerte tormenta y sin cobijo al alcance, no debemos correr, si no echarnos en el suelo y permanecer tumbados en posición fetal, lejos de cualquier animal o del agua y en ningún caso usar el móvil.

Si encontramos una cueva, será mejor ir hacia el interior y no pegarse a las paredes y por supuesto, nunca debemos resguardarnos bajo un árbol grande y solitario, podremos buscar refugio en una arboleda densa, pero jamás debajo de los árboles más altos.

Entre los lugares más seguros, aseguran que se encuentra el coche, eso sí, siempre y cuando este esté cerrado.

Ahora, que la tormenta ya parece alejarse, puede ser un buen momento para dar una vuelta y disfrutar del agradable aroma de la tierra mojada.

Migratorias

Cada año, en los equinoccios de otoño y primavera se produce un fenómeno global, masivo, alucinante: la migración de millones de aves.

Diferentes especies, con diferentes rumbos y distintas formas de abordar sus periplos migratorios, que en muchas ocasiones las dejaran exhaustas o al borde de la muerte. Millones y millones de kilómetros no exentos de peligro, serán recorridos a lo largo y ancho de nuestro planeta, conectando las zonas de invernada con las áreas de reproducción de estas especies.

En la temprana primavera notaremos en seguida la llegada de aviones, golondrinas y vencejos que alegrarán, mientras dure el buen tiempo, nuestras tardes, en una algarabía de trinos y vuelos llenos de acrobacias.

Pronto veremos en nuestras fachadas sus nidos, y más adelante podremos observar a sus polluelos asomando la cabeza en un continuo reclamo de alimento.

Seguro que si nos fijamos nos será fácil observar los nidos de los aviones comunes, más reservados que golondrinas y aviones comunes, a la hora de construir su nido, ya que lo construyen cerrado, para que ninguna mirada inoportuna pueda contemplar el interior de los mismos.

Serán épocas de ajetreo, de duro trabajo para reproducirse y sacar adelante a una nueva generación.

Muchas serán las gratas visitas que recibiremos, como la de los alcaudones dorsirrojos que tras pasar el invierno por sus cuarteles de invernada en África, entre Zimbabue y Monzambique, regresarán a criar al norte de la nuestra Península.

El bello Narciso

Según cuenta la leyenda, Narciso era un bello muchacho de quién todas las doncellas se enamoraban perdidamente. Sin embargo, todas ellas eran despreciadas por el bellísimo joven. Entre sus enamoradas, se encontraba Eco, una ninfa a quien la Diosa Hera había castigado a repetir las últimas palabras que se le dijeran. Eco por tanto era incapaz de hablarle de su amor a Narciso.

Un día, Narciso paseaba por el bosque y sintiéndose observado preguntó “¿hay alguien aquí?” A lo que la pobre Eco sólo pudo responder “aquí” “aquí”… Incapaz de ver quién era el que pronunciaba estas palabras, Narciso gritó “Ven” y Eco respondió con la misma palabra, pero esta vez corriendo hacia su amado con los brazos abiertos. Sin embargo, una vez más, Narciso rechazó cruelmente a su admiradora, que ultrajada y herida, se ocultó por siempre en una cueva, hasta que no quedó de ella más que su voz.

Tras este episodio, Némesis, la Diosa de la Venganza, castigó a Narciso por su crueldad con Eco, haciendo que se enamorara de sí mismo al verse reflejado en las claras aguas de un arroyo.

En una contemplación enfermiza, absorto en su propia belleza, Narciso cayó al agua y se ahogó. Allí mismo y en memoria de su hermosura creció una bonita flor para honrar por siempre la belleza de Narciso.

Desde entonces, los narcisos alegran con su presencia la temprana primavera. Son plantas bulbosas muy utilizadas en jardinería, pero que también crecen salvajes en la naturaleza.

Narcissus pseudonarcissus subsp. leonensis, es típico del norte de la Península y normalmente podemos encontrarlo en prados húmedos y soleados. Cuando el resto de especies vegetales apenas está despertando de su letargo invernal, los narcisos ya se encuentran en plena floración, haciendo alarde de su magnífica belleza.