Más vale pescado en mano que ciento nadando

Nos encontrábamos en plena actividad pajaril por el Delta del Danubio, concretamente en las inmediaciones del Lago Murighiol cuando de repente algo se movió sobre la superficie. Era una culebra de agua, que por el área de distribución en la que estábamos identificamos como Natrix tessellata, prima hermana de nuestra Natrix maura. Ver una culebra de agua nadando siempre está bien pero tampoco es que sea nada del otro jueves, sin embargo esta observación iba a ser mucho más interesante.

Nuestra osada culebra había pescado un pez y se aferraba a él arrastrándolo hacia la orilla donde daría buena cuenta del festín. Al ver la cantidad de bichos raros que poblábamos la orilla pertrechados con prismáticos, cámaras y telescopios a escasos metros, la culebra dudó, pero darse la vuelta significaría perder su presa. Tras unos segundos de indecisión, la Natrix decidió arriesgarse, llegando a la orilla y dejándonos las imágenes de Luisma grabó en su cámara mientras los demás la freíamos a fotos.

Tardó menos de medio minuto en engullir literalmente el pequeño pez, que en comparación con ella tenía un tamaño considerable. Para ello dislocó su mandíbula y empleó toda su musculatura para tragar a toda prisa. Cuando apenas el pez le había pasado del gaznate emprendió la huida lejos del peligro que pudiéramos suponer para ella. Seguro que se buscaría un lugar tranquilo, lejos de miradas inoportunas para hacer la digestión

Los ojos del martinete

El martinete (Nycticorax nycticorax) es un ave perteneciente a la familia de las ardeidas, de tamaño mediano, su coloración blanca por el vientre y zonas inferiores contrastan con el gris azulado de la parte superior de la cabeza y el dorso. Pero si algo llama la atención en el martinete, son esos poderosos y expresivos ojos de un intenso color rojo.

Para ser familia de las garzas su cuello es mucho más corto y además el martinete tiene unos hábitos un tanto crepusculares y nocturnos aunque no es difícil de observar en muchas áreas húmedas donde suele aparecer posado entre la hojarasca.

Para las áreas de cría prefiere los cursos medios y bajos de los principales ríos peninsulares, aunque las mayores densidades de cría del continente se ubican en el NO de Italia, donde se calcula que se localiza la mitad de la población europea.

El nido consiste en una sencilla estructura de palos y ramas ubicado sobre un árbol a la orilla del agua, entre mayo y junio la hembra realizará la puesta de unos 3 o 4 huevos que tendrán que ser incubados por ambos miembros de la pareja unos 20 días. Pasado ese tiempo, la nueva generación de martinetes verá la luz y a los progenitores le tocará trabajar duramente para sacar a su progenie adelante, alimentándolos de pequeños insectos, pequeños peces y algún que otro anfibio.

Batallón de combate

Es increíble verlos volar, con una envergadura de más de 2,5 m y que en algunos individuos puede llegar a alcanzar casi los 3 m. Al verlos en grupo parecen auténticos helicópteros de combate en formación.

Aunque parece encontrarse en declive el área de distribución del pelícano común (Pelecanus onocrotalus) sigue siendo lo suficientemente amplia como para albergar una buena población y por tanto la IUCN considera a esta especie en la categoría de Preocupación Menor. Sus mayores amenazas son la destrucción del hábitat por el drenaje y trasvases de ríos para riego, la agricultura y el desarrollo industrial. En algunos lugares se cazan, como en Egipto, en cuyos mercados aún pueden verse ejemplares adultos vendidos como alimento.

Uno de los mejores lugares para observar al pelícano común en Europa, es el Delta del Danubio que con su enorme superficie alberga una cuantiosa cantidad y variedad de especies de aves.

El Delta y la basura

En verano, a todos nos gusta acercarnos a las playas para refrescarnos o tomar el sol y si son las de un parque natural, mucho mejor, parece que con ello nos vamos a asegurar un lugar paradisiaco o al menos, que no esté abarrotado de gente.

El Delta del Ebro, protegido desde 1983, se localiza en la desembocadura del río más caudaloso de España. Es muy popular entre los ornitólogos que acuden con gran asiduidad para avistar a su rica avifauna, sin embargo, en verano, las playas del Delta también son un fuerte reclamo para bañistas, pescadores y grandes cantidades de basura desperdigada, lo cual, es una pena tratándose de un parque natural, tan mítico, además, como el Delta del Ebro.

Me resultó un tanto vergonzoso encontrarme de esta guisa a una joven cigüeñuela (Himantopus himantopus) rodeada de desperdicios en las inmediaciones de la Playa de la Marquesa, desde luego, la cosa no mejoró al dar un paseo por la Playa del Trabucador.

Muchas son las razones por las que merece la pena acercarse a conocer el Delta, aunque resulta decepcionante ver una vez más, como cuidamos las cosas…

Suerte que es invierno…

Es invierno, las nubes se acumulan y amontonan, apelotonadas como si ya no cupieran más en la inabarcable dimensión del cielo. El ambiente está gris y plomizo, tras la lluvia algunos rayos solares han alegrado el paisaje con su luz, creando un doble arcoíris, tenue y lejano.

Casi podría parecer una estampa estival tras una tormenta de verano, pero es invierno, hace frío y yo llevo ya algunas horas caminando, sintiendo como la humedad penetra por mis botas y asciende sin tregua invadiendo mi cuerpo tras haberme mojado los calcetines.

Durante todo el día no me he encontrado con nadie, tan sólo alguna vaca frisona me ha mirado con aire desganado y somnoliento, entendiendo a la perfección que observarme, si quiera un instante, no merece la pena.

Si fuese verano, otoño o primavera, no habría sido extraño encontrarme con algún ganadero o algún caminante, si no hiciera frío y la humedad no calara los huesos quizás hordas de motoristas de trail o quads, habrían acabado con los sonidos del monte.

Pero es invierno y en este monte no hay nadie más, salvo pájaros y vientos.