La desgracia de “ser feo”

Puede que el título de este post no sea muy ortodoxo, pero creo que aparte de llamativo, resume bien algo a lo que le llevo dando vueltas mucho tiempo.

¿Por qué no se protegen como debiera, nuestros valiosos ecosistemas esteparios?

Simplemente hay que echarle un vistazo al listado de Parques Nacionales para ver que, entre los ecosistemas que se dicen representativos de nuestra nación y que merecen ser conservados por sus valores naturales, no hay ni una sola estepa.

Entre ellos, podemos encontrar islotes marítimos cuya cobertura vegetal alóctona representa el 80% del total, ecosistemas acuáticos que son ejemplo de la sobreexplotación hídrica, o espacios de montaña donde algunas especies autóctonas no parecen tener cabida.

Pero ni una sola estepa…

Algo sin duda difícil de entender, pues estos ecosistemas naturales, son tan representativos como valiosos dentro de nuestro rico patrimonio natural.

Parecía que atrás habían quedado los tiempos de los magníficos Parques Nacionales, los excelsos ecosistemas de montaña, símbolo de lo salvaje y lo bello. Que con los mismos criterios de grandiosidad que en EEUU, de donde importamos el modelo, fueron los pioneros para comenzar a conservar en nuestro país. Su declaración vino de la mano de nobles cazadores, gracias a los cuales tuvimos nuestra primera Ley de Parques Nacionales y Montaña de Covadonga y Ordesa, fueron creados.

Poco a poco, el modelo fue cambiando y un buen día Doñana, un humedal, los mismos que en el pasado se querían desecar por ser sinónimo de mosquitos, enfermedades y poca utilidad, pasó a encabezar el listado de los ecosistemas funcionales. Reconocido más por su valor ecológico que por su valor paisajístico.

Sin embargo, el reconocimiento a la estepa, no parece llegar nunca.

Monegros, Belchite, la Bárdenas Reales, el Desierto deTabernas, tienen tanto valor ecológico y son tan representativos, como todos estos espacios de los que hemos hablado. (Aunque que por otra parte, parece que eso de ser Parque Nacional tampoco es que haya contribuido en demasía a que se conserven, o lo que es peor aún, a que se protejan. Solo hay que ver los ejemplos citados anteriormente a lo que cabe añadir los planes que pretenden extraer del subsuelo de Doñana gas mediante el empleo de fractura hidráulica, es para echarse a llorar…)

En Monegros por ejemplo, es mejor incrementar el regadío, crear inmensas balsas, porque total, es feo, o al menos parece serlo para muchos.

Y es que quizás, todavía haya demasiada gente en demasiados ámbitos, con poca utilización de los sentidos.

La belleza de la estepa late en cada rincón. Son ecosistemas tan vivos que resultan abrumadores. Espacios abiertos para regocijo del viento y de la vida, de una hermosura evidente si somos capaces de ver y no nos conformamos sólo con mirar.

Cada mañana es una algarabía de trinos y de cantos. Algunos, como los de la alondra de Dupont (Chersophilus duponti) comienzan muy temprano, cuando aún ni ha salido el sol. Los de alondras (Alauda arvensis), cogujadas (Galerida cristata), terreras y calandrias (Melanocorypha calandra), vendrán un poco más tarde.

Los amaneceres y atardeceres son de una intensidad inusitada y en cualquier momento se puede escuchar el sonido de las gangas (Pterocles alchata), que con su potente vuelo van en la búsqueda de agua.

Con gran frecuencia, nos saludarán los alcaravanes (Burhinus oedicnemus)y mochuelos (Athene noctua). Hasta es posible que un día nos topemos con un sembrado lleno de chorlitos carambolos (Charadrius morinellus).

La estepa es además un lugar donde redescubrir la fauna. De pronto un zorro (Vulpes vulpes), puede convertirse en un coyote.

O una tormenta, puede parecer el fin del mundo.

Rodales de acebo, lugares estratégicos para la fauna

En un primer vistazo puede que esta imagen no nos diga nada. Incluso si sabemos que se trata de un rodal de acebos en la Cordillera Cantábrica, es posible que no nos demos cuenta de su vital importancia.

Es invierno y en la cordillera los bosques caducifolios perdieron su hoja hace ya meses. La temperatura es gélida y la comida es escasa o simplemente, inexistente.

¿Cómo se puede sobrevivir entonces en un medio tan hostil, tan extremo?

Sin duda, con muchas dificultades. Pero gracias al acebo, muchos animales tienen una oportunidad de resistir al invierno.

El acebo (Ilex aquifolium) es una especie estratégica, realmente fundamental en este medio, pues es la única especie perennifolia de la cordillera, junto con el tejo.

En invierno, el acebo proporciona cobijo y alimento. En el interior de un frondoso rodal, la temperatura puede ascender varios grados. A veces, los mismos que pueden suponer la diferencia entre la vida y la muerte. Sus hojas, aunque férreamente defendidas por espinas, alimentan a estómagos rugientes por el hambre.

Urogallos, ciervos, corzos y otras cuantas especies, serán los inquilinos de estos rodales de acebos. Rodales que significan vida, cuando llega el curdo invierno.

La carqueixa

La carqueixa es una planta arbustiva familia de las fabáceas que se distribuye por el occidente de la Península Ibérica en suelos silíceos, normalmente degradados por el fuego, ya que se trata de una especie muy pirófita que según dicen es capaz de arder incluso bajo la nieve sin llegar a apagarse, aunque luego rebrota sin problema tras los incendios.

En las provincias de Zamora, Galicia, León y Asturias, esta planta se ha empleado con diversos usos medicinales: contra la tos, el reúma, o como diurética, también para encender el fuego e incluso por su aspereza para fregar los platos.

Además también forma parte del refranero popular como en este un bonito refrán leonés que dice:

Carqueixa brotada,
loba preñada.
Carqueixa florida,
loba parida.

Sanabria: Tierra de lobos

En la Provincia de Zamora, enclavada entre la Sierra de la Culebra, La Segundera y la Cabrera Baja se encuentra Puebla de Sanabria, asentada a las orillas de los Ríos Tera y Castro.

Puebla de Sanabria es un municipio de poco más de 1500 habitantes que posee un rico patrimonio cultural, monumental y paisajístico. Pero ante todo es realmente un lugar hermoso por el que pasear entre empinadas callejuelas de piedra.

Sanabria siempre fue y sigue siendo, tierra de lobos, como atestiguan alguno de los antiguos emblemas que aún aparecen sobre las casas de antiguas familias nobles, en cuyos blasones aparecía la figura del lobo, una figura omnipresente en la cultura sanabresa y en las alomadas cumbres de la cercana Culebra.

El canto del verdecillo y el ruido urbano

El verdecillo (Serinus serinus) es un pequeño pájaro de la familia de los fringílidos, al igual que pinzones, lúganos, verderones, jilgueros o canarios, entre otros cuantos.

Típicamente se le asocia a bosques, jardines o zonas arboladas, sin embargo, el verdecillo es un ave muy común en las ciudades y no es nada extraño escuchar su vivaracho canto, agudo, un tanto estridente y sumamente rápido, en muchas calles urbanas.

El verdecillo, como muchos otros paseriformes, se ha adaptado a la urbe, aunque para ello ha tenido que hinchar pecho y cantar más y más alto.

Este pájaro, canta para proteger su territorio de otros verdecillos intrusos y por supuesto para atraer a las hembras. En la ciudad el ruido compite con él, sin embargo, según algunos estudios científicos este pajarito es capaz de dedicar gran parte de su tiempo a cantar (60% ) hasta niveles de ruido de 70 decibelios, por encima de estos niveles de contaminación acústica al verdecillo ya no le merece la pena explayarse en el canto.

Otra curiosidad es que el verdecillo urbano parece ser capaz de distinguir en que día de la semana se encuentra y los fines de semana, con menos ruido por la disminución de los quehaceres humanos, disminuyen su canto ya que no necesitan luchar con tanto ruido.