A orillas del Mar Negro

El Mar Negro es un mar interior que separa Europa oriental de Asia occidental. Es el mayor lago meromíctico del mundo, lo que quiere decir que sus aguas superficiales y las profundas jamás se mezclan, por lo que en este mar el 90 % de las aguas profundas son anóxicas.

Hay diversas especulaciones para explicar su nombre, que quizás se deba a la falta de transparencia de sus aguas, muy ricas en microalgas.

Hace ya casi un año que nos paseamos por sus orillas, después de una formidable jornada observando aves por el magnífico Delta del Danubio. La escasa costa de Rumanía, altamente poblada y desgraciadamente muy degradada, tenía este pequeño rinconcito de playa alejada de todo bullicio. Sus orillas, estaban plagadas de conchas de bivalvos y caracolas donde entretenerse cogiendo algún que otro souvenir de tierras lejanas.

El juicio del des-Prestige

Ayer dio comienzo el juicio que pretende depurar responsabilidades sobre la catástrofe del buque Prestige, que hace casi 10 años originó una gran marea negra que emponzoñó las costas gallegas, asturianas, cántabras, vascas y francesas, siendo considerado como una de las mayores catástrofes ecológicas de nuestro país.

Tras un cúmulo de circunstancias y posibles negligencias, al Prestige, un petrolero monocasco cargado de petróleo de Liberia pero con bandera de Bahamas, construido en Japón, con carga suiza y tripulación griega, se le detectó una vía de agua consecuencia del temporal que afectó a la costa Gallega los días anteriores. En ese momento, 13 de noviembre de 2002, el buque se encontraba a 52 km de Finisterre y cargado con 77000 tn de fuel-oil. Ante la previsión de hundimiento, el buque fue alejado de la costa, una de las decisiones más reprobables en la gestión de esta crisis. El día 19 de noviembre a las 8 de la mañana y a 250 km de la costa española, el buque Prestige se partió en dos liberando su ponzoñosa carga al océano y dando comienzo a una marea negra sin precedentes en nuestro país.

Desde el principio, el problema de enormes consecuencias fue tratado con futilidad por parte de los políticos del gobierno de José María Aznar que se encontraba en el poder en aquel momento. Ninguno podremos olvidar los “ loshh pequeñoshh hilitoshh de chapapote” de Rajoy, que nos anunciaba que no se había producido ningún nuevo vertido y profetizaba que el fuel-oil quedaría solidificado sin producir mayor problema, mientras perjuraba que el asunto estaba correctamente coordinado…

Sin embargo, el pánico en Galicia ya había comenzado, en poco tiempo la costa quedó cubierta por una ponzoñosa marea negra de fuel-oil altamente tóxico. La peor parte se la llevó la Costa da Morte. La costa afectada no sólo tenía una gran importancia ecológica, sino también una importantísima industria pesquera que vio amenazada todos sus recursos.

Mientras el gobierno seguía vendiéndonos paños calientes y aseguraba que no había ninguna marea negra, los primeros voluntarios llegamos a Galicia, sin coordinación y sin tener ni idea de dónde nos metíamos. Aún recuerdo llegar de noche a Muxía, no se veía nada pero había un intenso olor a petróleo. En seguida alguien nos indicó que podríamos dormir junto con otros voluntarios en el polideportivo del municipio. Fue a la mañana siguiente cuando vimos la dantesca escena. Aún no éramos muchos, pero cuando la dimensión de la catástrofe se hizo evidente, miles de personas llegadas de todos los rincones de España e incluso del extranjero se acercaron a la costa gallega para trabajar altruistamente en la limpieza de las playas. Una labor más que infructuosa, pues a cada nueva marea la llegada de crudo hacía nuestros esfuerzos fútiles, cubriendo de nuevo las playas de ponzoña negra. A los pocos días también llegó el ejército, que empezó a coordinar las labores antes coordinadas por voluntarios y cofradías.

Muchas persona se involucraron en el problema dando un gran ejemplo altruismo y responsabilidad, algo que no hicieron ninguno de nuestros dirigentes políticos. Actualmente tan sólo cuatro personas están imputadas por la catástrofe del Prestige, el capitán y el jefe de máquinas, ambos de nacionalidad griega, el primer oficial de origen filipino y actualmente en paradero desconocido y el exdirector General de la Marina Mercante.

Sin embargo, otros, como Francisco Álvarez Cascos que era Ministro de Fomento en aquel momento y fue el principal responsable de que el buque Prestige tuviera un rumbo errático durante 6 días tan sólo comparecerá como testigo. Rajoy, principal responsable de coordinar la crisis ni siquiera está citado, lo mismo que Arias Cañete, Jaume Matas o Arsenio Fernández de Mesa. De hecho, por lo que parece, los responsables políticos de la catástrofe del Prestige, no sólo no han perdido “valía”, sino que actualmente ocupan más y mejores cargos.

Ecologistas en Acción, ya ha abierto una campaña para denunciar a los responsables políticos de esta grave catástrofe ambiental, en la que puedes participar si lo deseas.

La isla más Pancha

La isla de Pancha se encuentra en Lugo, en las inmediaciones de Ribadeo, en la agreste costa del Cantábrico. Es un pequeño islote de poco más de 1ha unido a tierra por un estrecho puente, casi como si el hombre hubiera querido anclarla por miedo a que se fuera a la deriva. En Pancha, el elemento más singular es un hermoso faro bicolor que previene a los marineros de su cercanía a la costa.

Su nombre resulta curioso, quizás se deba a la tranquilidad del lugar tan sólo perturbado por el batir de las tempestuosas olas. Aunque lo más probable, es que el nombre de Pancha obedezca a la forma de esta isla, pequeña y redondeada, como una incólume panza flotante.

Sin duda, un lugar perfecto para admirar la belleza del Cantábrico.

Depresión postvacacional y otras milongas

Aquí estamos de nuevo, comienza septiembre y muchos decimos adiós a nuestras vacaciones, acabado el viaje toca volver a casa, ponerse a punto lo antes posible y retomar el trabajo…( Eso siempre y cuando se hayan tenido vacaciones, se haya podido viajar, se tenga casa y la “fortuna” de tener un “trabajo”…) Lejos ya quedan las playas paradisiacas, las siestas de infarto, los paseos por pueblos y ciudades ajenos y la escasez de obligaciones.

Al llegar, para muchos casi lo primero será hacer la compra para rellenar una olvidada y exigua nevera a cuyos habitantes habremos diezmado antes de nuestra partida estival. Así que nuestros desinflados bolsillos postvacacionales se verán pronto aterrorizados ante nuestro caprichoso estómago que aún se empeña en seguir alimentándose. Septiembre llega cargado de muchas putadas pero quizás la más gorda de todas sea la subida del IVA, algo que también nos tocará la fibra cuando la tarde del domingo y a última hora, nos acordemos de que tenemos el depósito en reserva y a la mañana siguiente hay que ir al tajo… (Después vendrá lo peor si tenemos que comprar libros de texto, llevar al gato al veterinario o ir al dentista..)

Una vez cubiertas las necesidades básicas de la alimentación y de llegar pronto al trabajo el primer día tras las vacaciones, seguro que querremos relajarnos un rato y nos tiraremos en nuestro apreciado sofá con el júbilo del rencuentro para ver un poco la tele, claro que más nos vale que nos guste el fútbol, los toros, los programas del corazón o los debates casposos de intereconomía porque si no, mal lo llevamos. Si elegimos la radio, no lo tendremos mucho mejor, sobre todo si entre nuestras rutinas diarias estaba la de escuchar emisoras como radio3, (el lunes el palo será aún más gordo cuando a las 2 de la tarde ya no suene la sintonía de Carne Cruda).

Si encima somos de los que nos interesamos por el medio ambiente estaremos al borde del colapso por anafilaxis en pocos segundos tras ver que España sigue ardiendo, que el lobo tan sólo es una cabeza de turco, que los Parques Nacionales se gestionan como el culo y que las renovables siguen en parón perpetuo porque a nuestro gobierno le da la gana, (bueno como casi todo lo demás…) Si encima trabajamos en algún sector relacionado, el lunes iremos con una estampita de San Pancracio aunque seamos más ateos que Napoleón, no sea que nos concedan vacaciones perpetuas.

Así que si nos sentimos perplejos al volver a un lugar peor del que partimos, pues lo creíamos ya bastante jodido, y nos empiezan a dar escalofríos ante los precios, la censura informativa, la privatización de la sanidad y la cultura, lo mejor, será que el próximo año recordemos sacar sólo el billete de ida.

Menos mal que según dicen el mundo se acabará en 2012, eso hace que la depresión postvacacional parezca una simple milonga.

Antítesis

Serán los aires veraniegos, la desidia o la crispación de los tiempos que corren, pero últimamente apenas me apetece hacer fotos o escribir en el blog, supongo que será algo así como una especie de crisis creativa o de quemazón interior.

Nada comparable con nuestros dirigentes que cada día derrochan más imaginación para terminar de joder al ciudadano. “Antítesis” se define como la oposición o contrariedad de dos juicios o afirmaciones, a priori esta suele darse entre varios elementos distintos. No es el caso de nuestro gobierno al que podría definírsele a la perfección con la palabra antítesis, pues en pocos meses han pasado a hacer todo lo contrario a lo que prometían.

Pero ya empiezo a hartarme de política, además, estas antítesis en nada me sorprenden. Para los políticos no somos personas, somos objetivos de déficit y por tanto gobiernan en base a unos intereses que en nada representan nuestros derechos o legítimas aspiraciones.

Mientras España se desmorona social y políticamente y el futuro asoma la boca más negra de lo que a priori podíamos imaginar. A mi tan sólo me funciona un bálsamo, nada de rojas ni de goles, tan sólo mares, llanuras, montes y montañas, diversos y variados, antítesis unos de otros, pero unidos de cierta manera. Tan sólo nos salva ya esa naturaleza, a menudo amenazada y frágil, que atesora los últimos reductos de lo que fuimos y forma parte indisoluble de nuestra historia y diversidad de costumbres.

De los paisajes frescos y verdes del norte, a las llanuras secas y solitarias de Castilla me doy cuenta de que además de antagónico, también somos un país valioso por el que aún merece la pena luchar, aunque a la mayoría parezca habérsele olvidado.