Arquitectura negra

La conocida como arquitectura negra es típica de la Sierra Norte de Guadalajara, de los pequeños pueblos negros de la sierra pobre que siempre han estado un tanto aislados y perdidos del mundo, pese a su cercanía a la gran urbe madrileña. Es una arquitectura de talante artesanal, enraizada profundamente en el medio ambiente y ligada al clima, a los materiales y a las funcionalidades sociales y económicas de la sierra y que no sólo dota a su paisaje de otro elemento singular, si no que se introduce en él en perfecta sintonía y mimetismo.

Piedra, principalmente pizarra, pero también cuarcitas, esquistos y gneises, y madera de roble, son los elementos fundamentales que dan forma a estas construcciones de gran simplicidad. Casas y casillas tan similares, que prácticamente y a no ser por sus diferencias en tamaño, equiparaban el tipo de morada en la que vivían personas y animales, hoy tan escasos los unos como los otros. Puertas pequeñas, en las que casi hay que entrar agachado y ventanas minúsculas para atrapar el calor en el interior del hogar.

Pasear por mi pueblo, Gascueña de Bornova, con la alegría del que se reencuentra con recuerdos infantiles de pasados juegos y aventuras, de veranos de bicicleta y libertad, siempre me resulta emocionante.

La desgracia de “ser feo”

Puede que el título de este post no sea muy ortodoxo, pero creo que aparte de llamativo, resume bien algo a lo que le llevo dando vueltas mucho tiempo.

¿Por qué no se protegen como debiera, nuestros valiosos ecosistemas esteparios?

Simplemente hay que echarle un vistazo al listado de Parques Nacionales para ver que, entre los ecosistemas que se dicen representativos de nuestra nación y que merecen ser conservados por sus valores naturales, no hay ni una sola estepa.

Entre ellos, podemos encontrar islotes marítimos cuya cobertura vegetal alóctona representa el 80% del total, ecosistemas acuáticos que son ejemplo de la sobreexplotación hídrica, o espacios de montaña donde algunas especies autóctonas no parecen tener cabida.

Pero ni una sola estepa…

Algo sin duda difícil de entender, pues estos ecosistemas naturales, son tan representativos como valiosos dentro de nuestro rico patrimonio natural.

Parecía que atrás habían quedado los tiempos de los magníficos Parques Nacionales, los excelsos ecosistemas de montaña, símbolo de lo salvaje y lo bello. Que con los mismos criterios de grandiosidad que en EEUU, de donde importamos el modelo, fueron los pioneros para comenzar a conservar en nuestro país. Su declaración vino de la mano de nobles cazadores, gracias a los cuales tuvimos nuestra primera Ley de Parques Nacionales y Montaña de Covadonga y Ordesa, fueron creados.

Poco a poco, el modelo fue cambiando y un buen día Doñana, un humedal, los mismos que en el pasado se querían desecar por ser sinónimo de mosquitos, enfermedades y poca utilidad, pasó a encabezar el listado de los ecosistemas funcionales. Reconocido más por su valor ecológico que por su valor paisajístico.

Sin embargo, el reconocimiento a la estepa, no parece llegar nunca.

Monegros, Belchite, la Bárdenas Reales, el Desierto deTabernas, tienen tanto valor ecológico y son tan representativos, como todos estos espacios de los que hemos hablado. (Aunque que por otra parte, parece que eso de ser Parque Nacional tampoco es que haya contribuido en demasía a que se conserven, o lo que es peor aún, a que se protejan. Solo hay que ver los ejemplos citados anteriormente a lo que cabe añadir los planes que pretenden extraer del subsuelo de Doñana gas mediante el empleo de fractura hidráulica, es para echarse a llorar…)

En Monegros por ejemplo, es mejor incrementar el regadío, crear inmensas balsas, porque total, es feo, o al menos parece serlo para muchos.

Y es que quizás, todavía haya demasiada gente en demasiados ámbitos, con poca utilización de los sentidos.

La belleza de la estepa late en cada rincón. Son ecosistemas tan vivos que resultan abrumadores. Espacios abiertos para regocijo del viento y de la vida, de una hermosura evidente si somos capaces de ver y no nos conformamos sólo con mirar.

Cada mañana es una algarabía de trinos y de cantos. Algunos, como los de la alondra de Dupont (Chersophilus duponti) comienzan muy temprano, cuando aún ni ha salido el sol. Los de alondras (Alauda arvensis), cogujadas (Galerida cristata), terreras y calandrias (Melanocorypha calandra), vendrán un poco más tarde.

Los amaneceres y atardeceres son de una intensidad inusitada y en cualquier momento se puede escuchar el sonido de las gangas (Pterocles alchata), que con su potente vuelo van en la búsqueda de agua.

Con gran frecuencia, nos saludarán los alcaravanes (Burhinus oedicnemus)y mochuelos (Athene noctua). Hasta es posible que un día nos topemos con un sembrado lleno de chorlitos carambolos (Charadrius morinellus).

La estepa es además un lugar donde redescubrir la fauna. De pronto un zorro (Vulpes vulpes), puede convertirse en un coyote.

O una tormenta, puede parecer el fin del mundo.

Flores de inverno

Puede que su belleza se deba en gran parte a la precocidad con la que anuncian la primavera.

Son flores sencillas, pequeñas, de color desvaído, que de pronto brotan acelerando nuestro pulso. La primavera anda cerca.

Resultan tan delicadas, tan simples. Son tan efímeras si alguien decide cortarlas, que parece mentira que se arriesguen a brotar en invierno, que se atrevan con temperaturas tan frías y se expongan a las aún frecuentes heladas.

Brotar primero, es una estrategia que los árboles y arbustos del género Prunus practican cada año y con ella nos devuelven poco a poco, el renacer de la vida.

El poder de una semilla

Hace ya bastante tiempo, pero aún recuerdo la primera vez que planté un árbol. Por aquel entonces yo tenía 7 años y mi padre me propuso plantar una almendra en un macetero de la terraza. Me pareció una ocasión estupenda para hurgar un rato con la tierra, algo que normalmente no estaba muy bien visto en casa.

Como nos dijeron que no saldría nada, decidimos plantar tres y de este modo, aumentar nuestras probabilidades de éxito. A partir de ese día, mis visitas a la terraza se hicieron mucho más frecuentes ¿nacería el arbolito? Y efectivamente, un día el almendro germinó. Al principio no era más que un tímido brote, frágil y delicado que no tenía pinta de llegar a ser jamás un árbol, pero siguió creciendo, en gran medida gracias a los cuidados de mi madre.

Los años pasaron y el arbolito comenzó a dar flores e incluso algún fruto, unas pocas almendras que degusté con alegría. Sin embargo, el espacio del macetero comenzó a ser insuficiente. El arbolito se retorcía buscando el sol y su tronco corría el peligro de volverse quebradizo. Así que decidimos trasplantarlo, que tuviera un suelo de verdad para seguir creciendo.

25 años después, ese almendro me da sombra y cada año trepo en él para hacerme con un buen cargamento de riquísimas almendras.

Creo que con él también germinó en mí un profundo interés por la naturaleza, que con los años se fue intensificando y posiblemente no deje de crecer nunca. Por eso, voy a regalar a mi sobrina mayor, que pronto cumplirá 7 años, este pequeño madroño.

Porque a veces algo tan minúsculo como una semilla, puede germinar y contribuir a cambiar nuestro mundo.

El timo de las ayudas de alquiler para jóvenes y otras miserias

En este blog, no suelo contar mi vida, dudo que a nadie le interese, pero en este caso me encuentro ante una situación que considero a todas luces una estafa y en la que estoy segura, se verán inmersos otros “jóvenes” que en su día, al igual que yo, fueron beneficiarios de la Renta Básica de Emancipación, con la que el Gobierno de ZP ayudaba a los jóvenes a independizarse.

Pero mejor empecemos por el principio:

Corría el año 2007 y el Gobierno aún se podía permitir ayudar a los jóvenes españoles, los que más tarde se emancipan de Europa y que abandonan el nido a unas edades cercanas a la treintena, a independizarse.

Por aquella época yo vivía en Asturias, pero no fue hasta el año 2009 cuando solicité la ayuda, viendo en ella una forma de prescindir de los múltiples compañeros de piso que transitaban por mi hogar de alquiler sin mucho compromiso y cuya incertidumbre vital debía sumar a la mía propia, con sus repentinos cambios de trabajo, o la llegada de novios o novias con los que era mucho más interesante convivir que conmigo. Cansada de la situación, llegué a la conclusión de que era el momento de vivir sola y la ayuda de emancipación parecía ser la mejor manera para conseguirlo.

En 2009, yo trabajaba, desde hacía ya algún tiempo, en la Universidad. Después de la necesaria época de becaria, conseguí un contrato. Cumplía los requisitos y la ayuda me fue concedida.

En 2010 y tras casi cuatro años de labor en la Universidad, las cosas se fueron complicando, el sueldo bajo nunca subía pese a que las tareas cada vez eran mayores y exigían mayor responsabilidad. A ello, había que sumarle la precariedad de los contratos, que a partir de ese año se realizaban por periodos de 3 meses, por lo que siempre tenías la sensación de ser un “alimento” altamente perecedero a punto de caducar. Las cosas no pintaban bien, sabía que en cualquier momento llegaría carne inexperta, pero fresca y mucho más barata de contratar como becarios, y como la oportunidad la pintan calva, apareció una empresa dispuesta a ofrecerme un proyecto anual en el que por primera vez en mi vida cobraría como licenciada.

No lo pensé mucho y me lancé justo a comienzos de julio de 2010. En ese momento, al ganar más dinero por mi trabajo, dejé de cumplir los requisitos para ser beneficiaria de la ayuda de Renta Básica de Emancipación, así que a finales de junio, antes de cambiar de trabajo, me dirigí a las oficinas de VIPASA, con quienes gestioné la ayuda, para renunciar a ella mediante un escrito en el que explicaba el cambio de mi situación laboral. A partir de la renuncia, no volví a cobrar la ayuda.

El 2010 corría veloz y en diciembre las energías renovables parecían empezar a flaquear ante la apuesta del gobierno de ZP por energías convencionales y contaminantes: carbón, centrales nucleares, ciclo combinado, etc. Y la empresa para la que trabajábamos nos bajó de horas. Aún así, trabajando menos de 30 horas semanales seguía cobrando más que en la Universidad y disfrutaba de más tiempo libre, pero la cosa duró poco y en febrero de 2011 yo y mi compañero nos quedamos en la calle en poco más de una semana desde que nos dieron la noticia, es lo que tienen los trabajos por obra y servicio.

Ahí comenzó el declive, el paro. Los primeros meses fueron esperanzadores con la realización de algunas entrevistas interesantes en temas de Red Natura , limnología y zoología, los campos en los que tengo mayor experiencia, pero al final todo quedo en nada.

Para colmo de mis desdichas, aún faltaba por llegar junio y la Declaración de la Renta: con varios pagadores, la ayuda de vivienda, y los dos trabajos; uno de ellos relativamente bien pagado durante 6 meses, me tocó pagar una suma considerable que por supuesto superó con creces la ayuda recibida, así que gran parte de mis exiguos ahorros se destinaron a cumplir con mis obligaciones tributarias. Ahí entendí que la ayuda que tanto prometía ayudarme a emanciparme no me había resultado a la larga tan interesante.

El 2011 seguía avanzando y yo seguía sin encontrar trabajo, aunque por aquel momento al menos cobraba el paro. En Noviembre, cuando ya tan sólo quedaban 3 meses para que se me acabara el subsidio por desempleo surgió la oportunidad de trabajar por un corto periodo, también de 3 meses, en algo nada relacionado con lo mío y aunque quizás nadie logre saber lo desagradable que me resultaba trabajar como comercial a puerta fría, lo preferí a seguir en paro.

Tuve suerte, en febrero esa misma empresa dedicada principalmente a la gestión de residuos y a las energías alternativas quiso seguir contando conmigo y me ofreció continuar hasta completar un año en un proyecto más interesante. He de reconocer que aunque el trabajo no me apasionaba y el sueldo era bastante bajo, tuve la oportunidad de trabajar más a gusto que nunca y de aprender cosas nuevas. Sin embargo, al cumplir el año, la empresa debía hacerme fija y todos sabemos que eso no se lleva en estos tiempos, así que he vuelto a quedarme en paro hace tan sólo unos días.

Para más inri, ayer mismo, recibí una carta del Ministerio de Fomento por el que se me exige, 2 años y medio después, la devolución de la ayuda de Renta Básica de Emancipación que percibí durante los primeros 6 meses del 2010, meses en los que cumplía los requisitos para percibirla y a la que renuncié en cuanto esta situación cambió. Por lo que me parece totalmente un despropósito que se me exija su devolución, ya que a comienzos de año yo no sabía que cambiaría de trabajo en julio y que por primera y única vez en mi vida por el momento, ese año ganaría más de 22.000 euros brutos anuales.

Muy mal debe de irle a este país pretendiendo asfixiar un poco más a esos jóvenes que se veían sonrientes y emancipados hace tan sólo unos años, para exigirles la devolución de una ayuda que fue concedida y abonada mientras se cumplieron los requisitos exigidos, ahora que ya dejan de ser tan jóvenes y que se encuentran en una situación casi preadolescente y en la que a todas luces, un futuro de mierda les devolverá de nuevo, aunque quizás con alguna que otra cana y un carácter agriado ya sin sonrisa, a su hogar paterno, donde vivirán a costa de sus padres jubilados a los que tendrán que perdirles la paga cada domingo.

Y no nos engañemos, la cosa pinta peor que nunca, si a ZP el medio ambiente y la ciencia le importaban una mierda, al Gobierno de Rajoy ni siquiera le importan. Estos prefieren fomentar la tauromaquia y la caza, subvencionando ambas actividades y promulgar sus bondades entre la tierna infancia mediante distintas ayudas y subvenciones (seguro que a estos luego no les piden que se las devuelvan).

En un país en el que cada día se dilapidan derechos fundamentales, como la sanidad y la educación, se privatiza la justicia y una reforma laboral que se supone disminuiría el paro, abre las puertas a los EREs masivos, nuestro gobierno concede amnistías fiscales a los defraudadores, y ladrones (o incompetentes, o listillos, no se cuál es el mejor término) como Rodrigo Rato y tantos otros dirigentes de cajas de ahorros que han abierto agujeros enormes que pagaremos todos, no sólo se van de rositas, sino que se van con los bolsillos llenos por indemnizaciones millonarias.

Aunque qué podemos esperar si la amistad por lo ajeno, por lo público, por lo de todos, está en las ansias incluso de los miembros de las “mejores familias”, sólo hay que fijarse en Urdangarín.

Pero tranquilos, que los jóvenes malhechores, que a principios de año no consultaron la bola de cristal de Aramis Fuster para saber que cambiarían de trabajo en medio del 2010 y que están en paro porque son unos vagos que se han pasado haciendo que estudiaban media vida, aunque tengan más de 8 años de experiencia en su sector, seremos los que paguemos el pato, junto con otros muchos ciudadanos igual o aún más puteados, empleados públicos, currelas, jubilados, dependientes, niños, pequeños empresarios, autónomos…

En esta ocasión, no se como acabar, quizás arguyendo, aunque no quede muy fino ¡qué estoy hasta los mismísimos cojones de toda esta mierda que cada día me da más asco!