La estrella de tierra

Son varias las setas conocidas por este nombre, todas ellas bastante parecidas y todas ellas muy curiosas por su forma estrellada.

El peridio de la estrella de tierra está constituido por dos capas, el exoperidio grueso y carnoso que se rompe hasta quedar totalmente abierto y recortado en forma de estrella de 6 a 8 puntas, y el endoperidio de forma ovoidea y de membrana fina, que se sitúa en el centro.

Al igual que otras setas, como el archiconocido pedo de lobo, la estrella de tierra también expulsa una nube de esporas desde su parte globosa, a través de un pequeño agujerito, tras recibir algún impacto.

En este caso, esta hermosa estrellita se trata de una Astraeus hygrometricus, una seta asociada a los claros del romeral y que aún oculta otra curiosa particularidad. Esta seta se hidrata y deshidrata en función de la humedad ambiental, de ahí lo de hygrometricus. Cuando el tiempo es seco, la seta se contrae, envolviendo el endoperidio y pudiendo aguantar así varios meses, cuando la humedad relativa aumenta, la seta se hidrata llegando a curvar tanto el exoperidio que la seta se levanta y puede incluso llegar a “caminar” o es más fácil que el viento la transporte, de este modo, se asegura una efectiva y correcta dispersión de sus esporas.

El peligro de las setas

Este otoño con sus ansiadas lluvias sobre la tierra reseca, promete una buena temporada de setas, por ello no son pocos los que cesta en mano salen al monte tras la búsqueda de ricos manjares. Sin embargo, el otoño nos deja cada año decenas de intoxicados graves e incluso alguna muerte por ingerir setas venenosas.

Considerando que en Europa de unas 50 especies tóxicas, verdaderamente peligrosas tan sólo lo son media docena ¿cómo es esto posible?

La peor intoxicación de todas es el síndrome falodiano que se produce tras ingerir setas hepatóxicas, algunas de ellas son raras o muy pequeñas por lo que es muy extraño que produzcan intoxicaciones. El grueso de las intoxicaciones graves se debe tan sólo a unas cuantas especies:

Amanita phalloides
Amanita verna
Amanita virosa
Lepiota brunneoincarnata
Lepiota helveola

(En general podemos establecer una norma sencilla, ya que algunas de las setas más venenosas tienen láminas blancas, anillo y volva).

Si hemos errado en nuestra identificación y por desgracia ingerimos cualquiera de estas setas sufriremos un síndrome falodiano. Se caracteriza por tardar en mostrar sus síntomas, alrededor de 12 horas y se describe en tres fases, gastrointestinal, de remisión y hepática.

La primera fase puede pasar por una gastroenteritis aguda, con vómitos y diarrea continuos durante unos dos días que pueden llegar a deshidratar al intoxicado y producirle gran debilidad, calambres, angustia, etc. E incluso puede llegar a producir shock vascular por falta de potasio si el enfermo no se puso en tratamiento.

En la segunda fase, los síntomas desaparecen durante algunas horas, pudiendo hacer creer al intoxicado que ya está fuera de peligro, pero nada más lejos.

En la tercera fase, la más grave, las toxinas de la seta atacan al hígado pudiendo producir fallos hepáticos graves, encefalopatía, convulsiones e incluso coma.

En cualquiera de las tres fases descritas puede producirse insuficiencia renal, trastornos cardiacos, edemas pulmonares, pancreatitis. La muerte suele producirse por hemorragias internas o coma hepático tras un tiempo que depende de la resistencia del intoxicado y el número de setas ingeridas.

Aunque actualmente los tratamientos suelen aplicarse con éxito, no podemos obviar el gran peligro de estas setas, que muchos años causan la muerte de alguna persona. Así que lo mejor para practicar la recogida de setas sin riesgos, es aprender a diferenciar sin error estas especies venenosas y observarlas cuidadosamente, atendiendo siempre a la volva que puede quedarse enterrada al sacar la seta y pasarnos desapercibida.

Ante la duda, siempre será mejor no cogerlas, pues, hay que tener claro, que nos jugamos mucho.

Afiloforales

Sobre la madera muerta suelen crecer este tipo de hongos, algunos son tan duros, o incluso más, como las superficies sobre las que crecen. Es el caso de los comúnmente denominados cascos de caballo, por su semejanza en forma y robustez a esta parte equina. Su consistencia, leñosa y coriácea, les hace sumamente resistentes e imputerscibles.

A menudo se les encuentra en curiosas formaciones, dando un halo más de magia, al interior del viejo bosque.

Un pedo de lobo

El pedo de lobo (Lycoperdon perlatum) es un hongo globoso, al principio blanco según va envejeciendo se vuelve más marrón. Dentro aguardan las esporas, esperando a que algo o alguien las libere por ejemplo de un buen pisotón y entonces todas salen en una nube polvorienta de color marrón para esparcirse por la tierra.

Al parecer el pedo de lobo es comestible, pero sólo cuando está blanco, yo jamás lo he probado así que no tengo ni idea de cómo de bueno o malo estará. Lo que si recuerdo es lo extraño que me parecía de pequeña, cuando veíamos alguno por el monte cercano al pueblo de mi madre y alguien me decía mira un pedo de lobo, que los lobos se tirasen unos pedos tan raros y luego encima me animaban a que los pisara para lanzar nubes de esporas marronáceas…

En fin, es lo que tienen los nombres comunes, a veces no nos los podemos tomar al pie de la letra.

Cuestión de tamaño

A las fechas en las que estamos casi se puede decir que esta es una de las últimas setas de esta temporada otoñal, la mejor época para el hallazgo y captura de estos seres.

Se trata de una macrolepiota en la que se visualizan con gran perfección muchas de las partes de componen una seta, el sombrerete, el anillo, el pie y las escamas, típicas de este género. Dentro de él aparecen varias especies, la más apreciada por sus bondades gastronómicas es Macrolepiota procera.

En general estas setas suelen ser fáciles de identificar, son grandes, suelen crecer en prados o bordes de caminos pero en su recolección hay que tener cuidado con el tamaño. Nunca hemos de llevarnos a casa una macrolepiota que mida menos de 10cm porque podríamos estar a punto de ingerir una lepiota venenosa, parecida a las macrolepiotas pero más pequeñas y en este caso mucho más peligrosas.