A orillas del Mar Negro

El Mar Negro es un mar interior que separa Europa oriental de Asia occidental. Es el mayor lago meromíctico del mundo, lo que quiere decir que sus aguas superficiales y las profundas jamás se mezclan, por lo que en este mar el 90 % de las aguas profundas son anóxicas.

Hay diversas especulaciones para explicar su nombre, que quizás se deba a la falta de transparencia de sus aguas, muy ricas en microalgas.

Hace ya casi un año que nos paseamos por sus orillas, después de una formidable jornada observando aves por el magnífico Delta del Danubio. La escasa costa de Rumanía, altamente poblada y desgraciadamente muy degradada, tenía este pequeño rinconcito de playa alejada de todo bullicio. Sus orillas, estaban plagadas de conchas de bivalvos y caracolas donde entretenerse cogiendo algún que otro souvenir de tierras lejanas.

Descubriendo lo cercano

A veces parece que tenemos que ir muy lejos para descubrir lugares excitantes, increíbles, maravillosos… Y de pronto nos encontramos con que a la vuelta de la esquina se escondía un paisaje alucinante que siempre nos había pasado desapercibido porque no le habíamos hecho el menor caso. Encontrarse con él después de tanto tiempo ignorándolo te hace sentir casi ingrato, ¿cómo es posible que nunca antes me hubiera fijado en ello?

Eso mismo me sucedió a mi ayer al descubrir el alucinante Barranco de Guadalix. El día acompañó, pese a que hacía frío y el viento norte a veces demasiado fuerte era bastante molesto para ir en bici, pero aún así, la bucólica estampa del cañón con sus cortados y su vegetación exuberante me dejaron boquiabierta. Las lluvias de los pasados días también colaboraron reverdeciendo un campo reseco y quejumbroso, de pronto verde y colorido por el ya más que evidente otoño.

A veces nos apenamos cuando no podemos ir a conocer otros mundos y escapar así de nuestra infernal rutina. Sin embargo, quizás todavía queden otros muchos a la vuelta de la esquina aún por descubrir. No será conformarse, la experiencia puede que resulte incluso aún más reconfortante.

El juicio del des-Prestige

Ayer dio comienzo el juicio que pretende depurar responsabilidades sobre la catástrofe del buque Prestige, que hace casi 10 años originó una gran marea negra que emponzoñó las costas gallegas, asturianas, cántabras, vascas y francesas, siendo considerado como una de las mayores catástrofes ecológicas de nuestro país.

Tras un cúmulo de circunstancias y posibles negligencias, al Prestige, un petrolero monocasco cargado de petróleo de Liberia pero con bandera de Bahamas, construido en Japón, con carga suiza y tripulación griega, se le detectó una vía de agua consecuencia del temporal que afectó a la costa Gallega los días anteriores. En ese momento, 13 de noviembre de 2002, el buque se encontraba a 52 km de Finisterre y cargado con 77000 tn de fuel-oil. Ante la previsión de hundimiento, el buque fue alejado de la costa, una de las decisiones más reprobables en la gestión de esta crisis. El día 19 de noviembre a las 8 de la mañana y a 250 km de la costa española, el buque Prestige se partió en dos liberando su ponzoñosa carga al océano y dando comienzo a una marea negra sin precedentes en nuestro país.

Desde el principio, el problema de enormes consecuencias fue tratado con futilidad por parte de los políticos del gobierno de José María Aznar que se encontraba en el poder en aquel momento. Ninguno podremos olvidar los “ loshh pequeñoshh hilitoshh de chapapote” de Rajoy, que nos anunciaba que no se había producido ningún nuevo vertido y profetizaba que el fuel-oil quedaría solidificado sin producir mayor problema, mientras perjuraba que el asunto estaba correctamente coordinado…

Sin embargo, el pánico en Galicia ya había comenzado, en poco tiempo la costa quedó cubierta por una ponzoñosa marea negra de fuel-oil altamente tóxico. La peor parte se la llevó la Costa da Morte. La costa afectada no sólo tenía una gran importancia ecológica, sino también una importantísima industria pesquera que vio amenazada todos sus recursos.

Mientras el gobierno seguía vendiéndonos paños calientes y aseguraba que no había ninguna marea negra, los primeros voluntarios llegamos a Galicia, sin coordinación y sin tener ni idea de dónde nos metíamos. Aún recuerdo llegar de noche a Muxía, no se veía nada pero había un intenso olor a petróleo. En seguida alguien nos indicó que podríamos dormir junto con otros voluntarios en el polideportivo del municipio. Fue a la mañana siguiente cuando vimos la dantesca escena. Aún no éramos muchos, pero cuando la dimensión de la catástrofe se hizo evidente, miles de personas llegadas de todos los rincones de España e incluso del extranjero se acercaron a la costa gallega para trabajar altruistamente en la limpieza de las playas. Una labor más que infructuosa, pues a cada nueva marea la llegada de crudo hacía nuestros esfuerzos fútiles, cubriendo de nuevo las playas de ponzoña negra. A los pocos días también llegó el ejército, que empezó a coordinar las labores antes coordinadas por voluntarios y cofradías.

Muchas persona se involucraron en el problema dando un gran ejemplo altruismo y responsabilidad, algo que no hicieron ninguno de nuestros dirigentes políticos. Actualmente tan sólo cuatro personas están imputadas por la catástrofe del Prestige, el capitán y el jefe de máquinas, ambos de nacionalidad griega, el primer oficial de origen filipino y actualmente en paradero desconocido y el exdirector General de la Marina Mercante.

Sin embargo, otros, como Francisco Álvarez Cascos que era Ministro de Fomento en aquel momento y fue el principal responsable de que el buque Prestige tuviera un rumbo errático durante 6 días tan sólo comparecerá como testigo. Rajoy, principal responsable de coordinar la crisis ni siquiera está citado, lo mismo que Arias Cañete, Jaume Matas o Arsenio Fernández de Mesa. De hecho, por lo que parece, los responsables políticos de la catástrofe del Prestige, no sólo no han perdido “valía”, sino que actualmente ocupan más y mejores cargos.

Ecologistas en Acción, ya ha abierto una campaña para denunciar a los responsables políticos de esta grave catástrofe ambiental, en la que puedes participar si lo deseas.

Las Cascadas de Ouzoud

Con una caída de más de 100 metros, las Cascadas de Ouzoud son las más grandes de Marruecos y también están consideradas como las más hermosas. Ubicadas en el Alto Atlas y a unos 150 km de Marrakech, son una importante atracción turística por si mismas y por los maravillosos parajes que las circundan, plagados de verdes valles y antiguos molinos y por los que se pueden realizar múltiples rutas y excursiones.

La luz demasiado dura y poco interesante y un objetivo un tanto limitado no hacen honor a tan bello paraje, en el que se concatenan varias caídas de agua, creando un escenario perfecto para pasar el rato.