Creciendo pese a todo…

Quizás ayer no fuera el mejor día para salir de paseo. Hacía un día de perros y la lluvia pronto nos caló casi por completo pese al gore tex, al paraguas y demás historias. Sin embargo, incluso en los días más desapacibles, cuando a ratos te imaginas más a gusto en casa que lidiando con los elementos, siempre encuentras algún motivo por el que ha merecido la pena adentrarse en la naturaleza.

El verdor de la dehesa, los buitres en rasante vuelo, o el río Manzanares con un magnífico caudal, fueron algunos de esas razones por las que te alegras de no haberte quedado en casa.

Aunque quizás, lo que más me llamó la atención de todo el día fue este enebro rojo (Juniperus oxycedrus) que crecía literalmente dentro de un bloque de granito, haciendo alarde de la poderosa fuerza que posee un ser vivo cuando se aferra a la existencia. Está claro que su semilla no cayó en el mejor de los lugares y sin embargo, tuvo la suficiente fortaleza para germinar y seguir creciendo, quebrando la roca que hoy por hoy, aún le tiene prisionero.

Bajo las hojas del tejo

Pocas especies tienen tanto bagaje cultural como los tejos (Taxus baccata), árboles ancestrales, venerados, considerados mágicos por numerosos pueblos.

Algunos ejemplares se revelan como los moradores más viejos de Europa, con más un millar de años sobre sus cortezas. Con sólo contemplar su arcaico porte, nos sumimos en una especie de viaje que nos transporta hacia otros tiempos, hacia otros mundos.

Los celtas veneraban los tejos al considerarlos sabios e inmortales. Así que no es de extrañar que en torno a ellos, girara buena parte de sus vidas y decisiones. Bajo el tejo se celebraban los concejos, donde el pueblo decidía sobre numerosas cuestiones de la existencia común. Bajo el tejo también se festejaban las pequeñas y grandes alegrías de la vida.

Para estos pueblos ancestrales, anclados en la tierra, cuyas creencias existenciales iban mucho más allá de la aceptación de un único Dios, los tejos fueron la puerta de entrada del cristianismo. Las iglesias se ubicaron en sus cercanías para que así resultara más sencillo atraer a los futuros devotos.

Esta es una de las razones por las que en el norte peninsular es fácil encontrar la asociación entre iglesias y tejos. Una cercanía que tras numerosos siglos fue convirtiéndose en un intercambio de dogma.

Sin embargo, los tejos continúan aún impasibles, con sus raíces perpetuas, cubriendo con un halo de misterio y múltiples leyendas lugares que fueron sagrados, mucho antes de la aparición de las religiones.

La Bola del Mundo

Muchas montañas tienen nombres curiosos, bellos, evocadores, seductores… De la sierra de Guadarrama puede que uno de mis favoritos sea La Bola del Mundo.

Su redondeada forma podría ser el motivo de dicha apelativo. Sin embargo, la historia es bastante menos obvia y mucho más curiosa.

En realidad esta montaña de cumbre redondeada tiene por nombre originario el Alto de las Guarramillas. Lo de la Bola del Mundo procede de los años 60, momento en el que se ubicaron en su cima las tres grandes antenas de radio y televisión que son visibles desde varios kilómetros y que todos nos hemos acostumbrado a ver sobre el perfil de esta montaña.

En esos momentos, tan sólo existía un canal de televisión en España, TV1. Sus emisiones comenzaban con la imagen de un globo terráqueo y sobre él, en el centro de España, se veían una antenas en forma de cohete que emitían ondas circulares.

Desde ese momento comenzó a popularizarse el nombre de La Bola del Mundo, haciendo mención al lugar concreto desde el que procedía la señal de esta cadena y dejando por siempre a un lado, su nombre originario.

Sanabria: Tierra de lobos

En la Provincia de Zamora, enclavada entre la Sierra de la Culebra, La Segundera y la Cabrera Baja se encuentra Puebla de Sanabria, asentada a las orillas de los Ríos Tera y Castro.

Puebla de Sanabria es un municipio de poco más de 1500 habitantes que posee un rico patrimonio cultural, monumental y paisajístico. Pero ante todo es realmente un lugar hermoso por el que pasear entre empinadas callejuelas de piedra.

Sanabria siempre fue y sigue siendo, tierra de lobos, como atestiguan alguno de los antiguos emblemas que aún aparecen sobre las casas de antiguas familias nobles, en cuyos blasones aparecía la figura del lobo, una figura omnipresente en la cultura sanabresa y en las alomadas cumbres de la cercana Culebra.

La Verduéngana: Una historia de castaños y Romanos

Durante algún tiempo se barajó la hipótesis de que los castaños (Castanea sativa) fueron introducidos por los Romanos en nuestra península, durante el periodo en que esta perteneció a su gran imperio. Sin embargo, estudios posteriores demostraron que el registro polínico fósil indicaba que los castaños llegaron antes.

Lo que parece evidente es que los romanos expandieron el castaño tanto como su propio imperio. En gran medida ello se debió a las elevadas necesidades de alimentación de sus bastas legiones y por otro lado sus hordas de esclavos.

Un ejemplo de ello puede encontrarse en el bierzo leonés, una zona con una gran cantidad de castaños que se creen, fueron extendidos por los romanos. En esta zona había importantes minas de oro que los romanos explotaban a través de una ingente mano de obra que debía ser alimentada. De ello nos quedan vestigios históricos en Las Médulas, famoso por su paisaje formado por la erosión que provocaba el agua a presión que los romanos canalizaban para perforar y reventar la montaña para extraer el valioso mineral.

El árbol de la imagen es un castaño muy viejo en el Alto Sil que como todos los árboles antiguos posee nombre propio. Quizás la Verduéngana no proceda de los tiempos romanos, aunque muchos cientos de años debe tener ya en sus raíces y ramas y muchos habrán sido los humanos que hayan matado el hambre gracias a sus ricas y nutritivas castañas.