Freeganismo: otro estilo de vida

El freeganismo nació en los años 90 en EEUU y consiste en un nuevo estilo de vida anticonsumista. Los freegan intentan captar los flujos de la economía que son actualmente desperdiciados y desechados, como los alimentos que los supermercados tiran a diario, de este modo reciclan los alimentos que otros desechan.

Sin lugar a dudas nuestro actual sistema económico y nuestro modo de vida se han convertido en una gran sinsentido. Mientras millones de personas pasan hambre en el mundo, toneladas de alimentos comestibles son desechados y arrojados a diario directamente a la basura, pese al coste social, ambiental y ético que ello entraña.

Sin embargo, en la actual situación social que atraviesa nuestro país, es cada vez más común ver a todo tipo de personas rebuscando en la basura para poder llevarse algún alimento a la boca. En este caso el freeganismo pasa de ser una elección a una necesidad de la que muchos se avergüenzan.

Lo que está claro, es que algo huele a podrido en este sistema y no me refiero precisamente a los alimentos desechados en los cubos de basura.

¿Qué hacemos con la basura?

No me considero demasiado vieja, apenas paso de los 30, sin embargo si he visto cambiar algunas cosas. Me refiero a aquellos vertederos públicos-clandestinos que poblaban nuestro mundo rural hará unos 20 años. Aún recuerdo aquella montaña de basura, parecida a la de los fraggel rock pero con peor olor y menos sabiduría, a las afueras del pueblo de mi madre, e ir con mi abuela o mis primos a tirar nuestros desperdicios, de aquella no había otra forma.

Después por suerte la recogida de basura llegó a los pequeños municipios rurales y poco a poco esos vertederos ilegales se fueron clausurando y desapareciendo, aunque aún hoy haya rincones en los que la gente tire toda la mierda que se le ocurra.

Podemos decir que hemos mejorado mucho, en 20 años, al menos en ese aspecto.

Pero hoy en día, con una sociedad mayor, mucho más consumista, con mayores recursos técnicos ¿qué hacemos con la basura? En principio gran parte de ella, la inmensa mayoría se puede reciclar o valorizar, tenemos que mirar a los residuos y no ver basura sino materias primas.

Sin embargo, hay algo que me llama especialmente la atención y es el caso de la materia orgánica. España tiene muchos problemas y males, uno de ellos es que posee una nefasta gestión energética y necesita importar más del 80% de la energía que consume. Sin duda parece lógico que un país así debería invertir grandes sumas a mejorar este aspecto, incentivar las energías renovables, sin olvidar las energías alternativas como el biogás.

Las plantas de biogás son algo así como un macro proceso de fermentación de la materia orgánica por el que se consigue energía, electricidad y calor. Para ello tan sólo hay que alimentarlas de todos esos desperdicios orgánicos que ya no sirven, materia orgánica fermentable: SANDACH (Subproductos de Origen Animal no Destinados al Consumo Humano) como carne de animales, sangre; productos vegetales como restos de patatas, zanahorias, verduras; purines de ganado vacuno, porcino o gallináceas. A priori parece un sistema energético interesante, que aparte de dar una salida adecuada a los residuos orgánicos produce energía.

Sin embargo a nuestros gobiernos, tanto a este como al anterior, no parece que la idea les parezca tan buena, pues este es otro de los sectores que sin incentivos no parece que pueda ponerse fácilmente en marcha y muchas son las plantas de Biogás que están paralizadas en nuestro país sin ni siquiera haber llegado a funcionar. A parte de la retirada de primas, hay que sumarle los problemas burocráticos, políticos y legales que directamente impiden que el sector avance o simplemente funcione.

Así que mientras en España millones de toneladas de materia orgánica acaban en el vertedero, alimentado a esa gran montaña de basura, en Alemania hay más de 3000 plantas de Biogás por todo el país.

Después de todo, quizás no hayamos mejorado tanto…

Desembasurando

Vivimos en una sociedad en muchos aspectos, de usar y tirar y por ello producimos una cantidad ingente de residuos. Sin embargo, estos residuos son en muchos casos reutilizables o podrían servir como materias primas que dieran lugar a otros bienes de consumo para el mismo o distinto fin para el que estuvieron diseñados en su momento. Sin embargo, muchas veces los residuos no son bien gestionados ya que se quedan fuera de los circuitos que los dirigen hacia su valorización. No es de extrañar que con tanto residuo una buena parte acabe en vertederos ilegales o tirados por ahí en cualquier lugar.

Desembasura es una buena iniciativa para denunciar estos hechos, de una manera muy sencilla e incluso desde una cómoda aplicación para el móvil, todos podemos sacar una foto de los residuos que nos encontremos por ahí tirados y poner de manifiesto este problema, que aparte de ser contaminante, hace que se pierda material reutilizable, lo que conlleva un coste económico que en la actual crisis energética y económica es inasumible y eso sin contar con el perjuicio al medio ambiente.

Desembasura además apuesta por el sistema de retorno, que los que crecimos en los 80-90 aún recordamos, pues no pocas veces éramos nosotros los que bajamos a la tienda del barrio los cascos vacíos de coca colas, tónicas o cervezas y nos llevábamos unas monedillas en el bolsillo. Este sistema se ha mostrado muy eficaz en muchos países y en España podría suponer un gran aumento del reciclaje de botellas y latas.

Para más información, no dudes en visitar las páginas web de Desembasura y Retorna.

No son bares, son pozos petrolíferos

La magia del reciclaje consiste en convertir productos de deshecho o residuos, en nuevas materias primas que puedan ser reconvertidas en el mismo material o en materiales distintos para nuevos usos.

Este es el caso de los aceites vegetales usados, que tras un proceso relativamente sencillo pueden convertirse en biodiesel. Con la actual situación de los combustibles fósiles, y su elevado precio, el reciclaje de aceites vegetales de fritura en biodiesel se ha convertido en un negocio nada desdeñable.

Actualmente gran parte de ese aceite usado procede del sector de la hostelería, a los que a parte de retirarles el aceite de forma gratuita, los gestores autorizados de aceite usado, les abonan una cantidad que actualmente ronda los 20 o 30 céntimos por litro. Ante estas facilidades, es menos probable que el aceite usado acabe tirado por la cañería, lo cual provoca grandes daños al medio ambiente, ya que los aceites y las grasas al ser sustancias no polares, no se disuelven en el agua.

En los hogares, las cantidades son menores, y por tanto es inviable una recogida personalizada como en los establecimientos de hostelería, sin embargo, cada vez es más frecuente encontrar contenedores de aceite usado por pueblos y ciudades, si no, la alternativa será llevarlo a un punto limpio, pero nunca tirarlo por el desagüe, en todo caso, aunque mal hecho, siempre sería mejor echarlo en una botella y tirarlo a la basura convencional.

Tras varias sedimentaciones y la separación de las impurezas y grasas del aceite, este ya estará listo para ser llevado a una planta generadora de biodiesel, donde llegará a cuadruplicar su valor cuando el producto final sea ya por fin, codiciado biocombustible.

Río y hielo

Mereció la pena pasar algo de frío, e incluso, cargar todo el camino con el trípode. Tan sólo así se puede conseguir sacar una foto con una velocidad de obturación de dos segundos y pulverizar por completo el agua en movimiento del río Muniellos, mientras el hielo, continúa petrificado por el frío.