Amaneceres, mares de nubes y montañas de Aller
28th Agosto 2008 | Montaña, Paisajes


26th Agosto 2008 | Montaña, Paisajes
Amanece en Aller, en un día cálido y despejado de agosto, el Peña Mea al fondo recorta su figura, abajo, en el valle, el mar de nubes poco a poco se hace jirones.
22nd Agosto 2008 | Biología, Fauna, Mamíferos

Supongo que tenían algo más de tres meses por su tamaño y capacidad de movimiento, pero los dos pequeños gatos monteses aún seguían cada paso de su madre, sobretodo, al darse de bruces con nosotros. Sabían que les llevaría hacia lugar seguro, aunque fue ella la primera en quitarse de en medio ascendiendo con agilidad felina la escarpada ladera. Los pequeños, aún más ingenuos y con la curiosidad del gato, de vez en cuando se daban la vuelta para mirar que éramos y plantearse si de verdad significaríamos un peligro tan enorme como para correr tanto. Unos momentos que Juan supo aprovechar para sacar esta y algunas otras fotos.
Esperamos quietos, mientras el monte refugiaba a sus seres, mimetizados entre el color de la piedra y la vegetación.
Cuando ya parecía que no estaban, los prismáticos toparon algo, la mirada felina, los dos hermanos permanecían inmóviles, cada uno sobre una piedra de la ladera, a escasos metros de nosotros, observando sin creer ser vistos, confiando en el disfraz del mimetismo del monte. De vez en cuando el sueño parecía hacérseles insoportable y dormitaban, pero siempre alerta sus vivos ojos verdes y cristalinos oteaban el ambiente tras una pequeña siesta.
Para el invierno, si todo va bien, ambos se habrán independizado, siguiendo su camino en solitario pues los gatos monteses no quieren compañía la mayor parte del año y defienden su territorio, marcándolo con distintas señales con las que disuadir a los intrusos.
Pero para ello antes, deben adiestrarse en la caza, cuando manejen las capturas de presas al acecho, o recechándolas, estarán preparados para seguir adelante.
21st Agosto 2008 | Medio Rural, Opinión, Uncategorized

Lo mejor de las historietas de nuestros abuelos es que parecen cuentos, leyendas difuminadas de otros tiempos que con el paso de los años vamos poco a poco olvidando, aun así, algunas pasan de los oídos al cerebro de los nietos almacenándose en el cajoncito de los recuerdos de las historias del abuelo.
Cuentos de otro mundo al que a veces, con mucha suerte y si somos afortunados, podemos asomarnos pese a que el tiempo mucho cambia las cosas.
El cuento del molino en el que creció mi abuela ella lo resumía diciendo: “hay que harta estaba yo de ver pasar tanta agua”, aunque había en ella cierta nostalgia, o eso nos parece cuando un abuelo nos habla de su juventud. O quizás, la nostalgia también sea nuestra al volver al lugar donde creció nuestra abuela y contemplar la casa donde nació nuestra madre, quizás por que pensamos que aún quedé por ahí algún pedacito de nuestras raíces pues tampoco pasó tanto tiempo para que se perdieran.
Hoy en la vieja casa aledaña al molino tan sólo se asoman a las pequeñas ventanas unas gallinas que tienen por compañera a una perdiz, pues el cuento ha cambiado de protagonistas, hoy cada cual enraíza donde puede aunque sea estupendo seguir pudiendo dar un paseo por los orígenes.
