Doñana: ¿de qué le sirve ser Parque Nacional?

Hace tan sólo unos días se conoció la noticia de que el MAGRAMA, con el Ministro Arias Cañete a la cabeza, avalaba la utilización del subsuelo de Doñana para la producción y almacenamiento de gas natural.

Este proyecto está liderado por Petroleum Oil Gas-España, filial de Gas Natural Fenosa. Para llevarlo a cabo se construirán siete pozos petrolíferos y 24,5 km de gaseoductos. Para acceder a los yacimientos de gas a unos 1000 metros de profundidad, estos pozos deberán atravesar el acuífero de Doñana, un acuífero del que depende todo el ecosistema marismeño.

No olvidemos que entre las muchas figuras de protección de las marismas de Doñana, una de las más importantes de nuestro país, se encuentra Parque Nacional, Parque Natural, Patrimonio de la Humanidad, Zona de Especial Conservación (ZEC), Lugar de Importancia Comunitaria (LIC), Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA), Zona de Especial Protección de Importancia para el Mediterráneo (ZEPIM) y RAMSAR.

Sin embargo toda esta larga ristra de figuras de protección nacionales, europeas e internacionales, no parecen tener ningún tipo de valor a la hora de salvar a Doñana de un proyecto que huele a podrido y suena excesivamente parecido al famoso fracking del que ya hemos hablado en alguna ocasión, una forma especialmente dañina de obtener gas natural del subsuelo.

Entre los interesados de este proyecto, también encontramos a conocidos políticos como Felipe González, accionista y consejero de Gas Natural Fenosa. Sorprendentemente hasta hace bien poco Felipe González fue presidente del Consejo de Participación de Doñana. Dimitió el pasado mes de diciembre, alegando “falta de tiempo” para asistir a los plenos, sin duda una dimisión muy oportuna.

A todas luces este tipo de proyectos es totalmente incompatible con las figuras de protección de Doñana, un espacio de vital importancia ecológica y que reúne cada año a unas 200.000 aves acuáticas de toda Europa, que invernan en sus extensas marismas.

Sin embargo una vez más, la codicia y estupidez de unos pocos, ponen el peligro el patrimonio natural de todo un país, un patrimonio natural que básicamente es ya lo poco que nos queda para ser ricos.

Parece entonces, totalmente lícito preguntarse ¿de qué sirve declarar espacios protegidos, si está más que claro que estas figuras de protección no son suficientes para conservar los espacios que dicen proteger?

Veremos que dice Europa en todo esto, aunque hoy en día ya nada nos sorprende a los ciudadanos que atónitos vemos como un país es desmembrado para que la calaña política que lo gobierna recoja sus sombríos e ilícitos beneficios.

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