El bello Narciso

Según cuenta la leyenda, Narciso era un bello muchacho de quién todas las doncellas se enamoraban perdidamente. Sin embargo, todas ellas eran despreciadas por el bellísimo joven. Entre sus enamoradas, se encontraba Eco, una ninfa a quien la Diosa Hera había castigado a repetir las últimas palabras que se le dijeran. Eco por tanto era incapaz de hablarle de su amor a Narciso.

Un día, Narciso paseaba por el bosque y sintiéndose observado preguntó “¿hay alguien aquí?” A lo que la pobre Eco sólo pudo responder “aquí” “aquí”… Incapaz de ver quién era el que pronunciaba estas palabras, Narciso gritó “Ven” y Eco respondió con la misma palabra, pero esta vez corriendo hacia su amado con los brazos abiertos. Sin embargo, una vez más, Narciso rechazó cruelmente a su admiradora, que ultrajada y herida, se ocultó por siempre en una cueva, hasta que no quedó de ella más que su voz.

Tras este episodio, Némesis, la Diosa de la Venganza, castigó a Narciso por su crueldad con Eco, haciendo que se enamorara de sí mismo al verse reflejado en las claras aguas de un arroyo.

En una contemplación enfermiza, absorto en su propia belleza, Narciso cayó al agua y se ahogó. Allí mismo y en memoria de su hermosura creció una bonita flor para honrar por siempre la belleza de Narciso.

Desde entonces, los narcisos alegran con su presencia la temprana primavera. Son plantas bulbosas muy utilizadas en jardinería, pero que también crecen salvajes en la naturaleza.

Narcissus pseudonarcissus subsp. leonensis, es típico del norte de la Península y normalmente podemos encontrarlo en prados húmedos y soleados. Cuando el resto de especies vegetales apenas está despertando de su letargo invernal, los narcisos ya se encuentran en plena floración, haciendo alarde de su magnífica belleza.

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