Migratorias

Cada año, en los equinoccios de otoño y primavera se produce un fenómeno global, masivo, alucinante: la migración de millones de aves.

Diferentes especies, con diferentes rumbos y distintas formas de abordar sus periplos migratorios, que en muchas ocasiones las dejaran exhaustas o al borde de la muerte. Millones y millones de kilómetros no exentos de peligro, serán recorridos a lo largo y ancho de nuestro planeta, conectando las zonas de invernada con las áreas de reproducción de estas especies.

En la temprana primavera notaremos en seguida la llegada de aviones, golondrinas y vencejos que alegrarán, mientras dure el buen tiempo, nuestras tardes, en una algarabía de trinos y vuelos llenos de acrobacias.

Pronto veremos en nuestras fachadas sus nidos, y más adelante podremos observar a sus polluelos asomando la cabeza en un continuo reclamo de alimento.

Seguro que si nos fijamos nos será fácil observar los nidos de los aviones comunes, más reservados que golondrinas y aviones comunes, a la hora de construir su nido, ya que lo construyen cerrado, para que ninguna mirada inoportuna pueda contemplar el interior de los mismos.

Serán épocas de ajetreo, de duro trabajo para reproducirse y sacar adelante a una nueva generación.

Muchas serán las gratas visitas que recibiremos, como la de los alcaudones dorsirrojos que tras pasar el invierno por sus cuarteles de invernada en África, entre Zimbabue y Monzambique, regresarán a criar al norte de la nuestra Península.

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